Pozos de Las Ánimas

En el Valle de Los Molles a pocos metros de la R.222 se encuentran estas formaciones naturales llamadas dolinas, comunmente conocidas como ojos de agua.
Las mismas se produjeron por la degradación de suelos de minerales solubles en el agua como la caliza.
Entre ambas se mantiene una pared cada vez más fina que presagia la unión de ambos pozos en un futuro.
Los fuertes vientos cordilleranos, al rozar sus paredes, ocasionan un sonido peculiar, que propicia varias leyendas

El lugar es de fácil acceso, está señalizado sobre la R222, el camino por el cual se debe ingresar. Ideal para pasar un rato tranquilo, escuchando el murmullo del viento.

Las dolinas se encuentran rodeadas por un tejido de alambre para la seguridad de los visitantes.
Está prohibido atravesar dicho tejido o subirse a sus palos o alambres.

Se cuenta que por la zona habitaban dos tribus, una de cada lado de la Cordillera de los Andes, entre ellas se habían producido algunas diferencias, una noche quienes vivían del lado chileno, gente con costumbres más aguerridas, perseguían a un grupo de habitantes de la zona de los Molles. Ya muy tarde en plena oscuridad muy lejos de todo, los gritos de quienes los perseguían dejaron de oírse, ya en silencio y tomando recaudos de que no era una trampa, regresaron a sus viviendas. Por la mañana viendo que todo estaba calmó y sin rastro de sus perseguidores decidieron volver hasta donde habían llegado la noche anterior, al llegar al lugar comenzaron a oír llantos de lamentos, con cautela y en silencio fueron acercándose y para su sorpresa se encontraron con dos pozos enormes que se habían hundido bajo los pies de quienes los perseguían. En el fondo se encontraban moribundos los cuerpos de sus enemigos. Los habitantes asustados veneraron a la formación que los había salvado dándole el nombre de «lugar donde lloran las animas»

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